Alemania también descubre la sidra asturiana

La sidra asturiana ocupa un capítulo central en un voluminoso y detallado estudio publicado recientemente en Alemania sobre la historia y las peculiaridades de este derivado de la manzana en el mundo. Si Asturias es uno de los santuarios mundiales de la sidra, otras zonas europeas (Bretaña francesa, Alemania, Inglaterra, Irlanda) y regiones de América y de África integran la geografía de este caldo. «Most» es el título del libro escrito por Gudrun Mangold, periodista alemana especializada en la historia de la sidra. A lo largo de sus páginas analiza a fondo el apasionante mundo de la sidra desde diferentes perspectivas. En el caso particular de España, la destacada investigadora de la cultura de la sidra, que cuenta con un importante reconocimiento internacional, destaca exclusivamente la sidra asturiana y cita, tan sólo de pasada, a la que se produce en algunos lagares de Guipúzcoa. Otro dato que muestra la relevancia del Principado en el mundo de la sidra es que Gudrun Mangold no duda en destacar que el mejor libro editado sobre el amplio universos de la sidra se escribió en Asturias, y su título no es otro que: «Sidra y Manzana de Asturias», editado por LA NUEVA ESPAÑA y entregado a sus lectores en fascículos. Esta afirmación la realizó la periodista alemana durante su última visita a Asturias, en el transcurso de una entrevista que mantuvo con representantes de la Mesa Profesional de la Sidra, tras examinar a fondo esta publicación. A lo largo de las páginas dedicadas a la sidra asturiana en «Most», su autora prefirió no traducir al alemán expresiones o palabras en asturiano, que prefirió entrecomillar: «echa un culín», «chigre», «chigreru», «escanciador», «sidra natural» o «sidra gasificada». De esta manera quiso dar más frescura al texto y no desvirtuar este importante patrimonio cultural que representa el vocabulario sidrero de Asturias. Mangold destaca que Asturias y el País Vasco son los dos bastiones de la sidra en España, aunque puntualiza que hay diferencias sustanciales. A renglón seguido, da al Principado el protagonismo. Menciona a Villaviciosa y la califica de capital de la sidra asturiana, a la vez que subraya la existencia de unos 3.000 llagares. Tras hacer referencia a los «chigres» y a los «chigreros», pasa a describir la forma en la que se elabora y escancia la sidra. La publicista germana se quedó sorprendida por «les pipes», los grandes toneles de madera en los que fermenta y madura la sidra, y también el método de escanciarla directamente desde ellas al vaso. Mangold considera que, además de las cualidades que pueda aportar a la sidra, el escanciado es una seña de identidad cultural. La estudiosa alemana califica de «sorprendente, espectacular y de acto propio de un circo» la pericia de los escanciadores con la botella en alto y el vaso. Gudrun Mangold resalta la acidez de la sidra, de la que dice que es «relativamente alta y peculiar», pero que no es obstáculo para que esté teniendo un gran éxito entre los visitantes de Asturias. De hecho, explica la autora de «Most» que en las sidrerías los foráneos ya no se cortan a la hora de decir a los escanciadores «échame un culín», mientras disfrutan de los platos de la gastronomías asturiana. Añade Mangold referencias a la sidra gasificada y a la de mesa, pero sobre todo destaca cómo en Asturias pervive una bebida que se convirtió en cultura.

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