Asturias exportó 2,2 millones de litros de sidra natural a lo largo de 2004

La sidra ya no se «pica» cuando sube el Pajares, pero a los lagareros les sigue costando triunfos sacarla fuera de la región. No obstante, las cosas van mejorando. En 2004, Asturias exportó 2,25 millones de litros de sidra natural a otros países. Aparte, 4,5 millones de litros tuvieron por destino otras comunidades 1as. En el universo de la sidra conviven dos planetas bien diferenciados. La sidra natural -la que se escancia, la que vulgarmente podría denominarse como «de toda la vida»- suele quedarse «en casa». En cambio, la sidra espumosa manda fuera la mayor parte de su producción y cruza el charco sin problemas. En 2004, la producción de sidra natural ascendió a 45 millones de litros. De esta cantidad, el 15 por ciento salió fuera de Asturias. El 10 por ciento, a otras zonas de España. El cinco por ciento restante -unos 2,25 millones de litros- traspasó las fronteras y tuvo destinos como Bélgica, Venezuela, México, Argentina, California, Florida y Nueva York. Dentro de España los puntos de venta preferentes son Madrid, Castilla y León y la zona levantina. El reto para la sidra natural es que la exportación supere la barrera del 15 por ciento. Los lagareros saben que el proceso será lento, pero consideran que al cabo de dos o tres años puede llegarse al veinte por ciento. Eso, en cuanto a la sidra natural. La espumosa alcanzó una producción de 2,4 millones de litros. A diferencia de lo que sucede con la natural, la mayor parte salió fuera de España. Entre otros rumbos, hacia Estados Unidos, Canadá, Venezuela, México, Panamá, República Dominicana, Cuba y Puerto Rico. Unos 26.000 litros de un derivado específico se exportaron a Ghana. Consuelo Busto, presidenta de la Asociación de Sidra de Asturias (ASA) y gerente de Sidra Mayador, asegura que Latinoamérica es el mercado por antonomasia de la sidra asturiana. De hecho, la bebida desembarcó en Cuba desde antes de la revolución de 1959. El origen de la popularidad del producto se encuentra en la amplia colonia de asturianos que habitaban la isla. Lo mismo ocurre en Puerto Rico, México, la Argentina y la República Dominicana. La subida de Castro al poder dio pie a que la sidra cruzase, con los exiliados, el estrecho de Florida y se asentase en Miami, donde hoy se encuentra de forma habitual en cualquier supermercado. Evolucionar La sidra asturiana que más se conoce en el mundo es la achampanada. Busto, que incluso vende sidra en Pakistán, señala que el mundo de la alimentación avanza a pasos agigantados: «O evolucionamos, o nos quedamos atrás». Aún recuerda el revuelo que se armó cuando se hizo obligatoria la colocación de etiquetas en las botellas: «Decían que resbalaba al escanciar», comenta con ironía. Fue el principio de un cambio de mentalidad que, a su modo de ver, aún debe ir más allá. Por ejemplo, a la hora de exigir calidad: «Cuando un vino está malo, se devuelve, la sidra se toma aunque no haya salido buena». Las ocho empresas de sidra espumosa de Asturias que pertenecen a ASA, cuatro de ellas dirigidas por mujeres, son conscientes de que su producto ha sido considerado «el champán de los pobres». Pero la presidenta resalta que las empresas, que mantienen 400 empleos en la región, cuentan con avanzadas tecnologías y procedimientos que nada tienen que envidiar a los cavas. En Asturias se elabora el noventa por ciento de la sidra espumosa 1a. A las empresas asturianas se une otra en Navarra y una en Galicia. España ocupa el cuarto lugar de Europa en producción, que lidera el Reino Unido seguido de Alemania, Francia y Bélgica. «Trasplantar» las sidrerías Vender sidra natural a palo seco es tarea ardua, aunque la tradición exportadora asturiana se remonta a siglos atrás. José María Osoro, gerente de la Asociación de Lagareros de Asturias (ALA), lo tiene claro. No en vano lleva años defendiendo la necesidad de sacar fuera el producto en conjunto, ligándolo a las sidrerías y explotando el atractivo del escanciado. Osoro apela al afán emprendedor de los hosteleros asturianos «que podrían promover una especie de franquicia». Estima que lo que le falta a la sidra tradicional para llegar al gran público es una adecuada comercialización. Para Osoro las ventajas son numerosas. La sidra puede ligarse a dietas saludables, tiene baja graduación alcohólica y supone una alternativa para quienes no toman cerveza. Otras motivaciones para promover el consumo parten de la afición a los productos tradicionales y regionales, que va en aumento. Osoro sostiene que «trasplantar» sidrerías a otros lugares interesa al resto de productos asturianos que disfrutan de simpatía en el resto de España «porque la gente asume que lo que viene de Asturias es bueno». A quienes hablan del carácter astur de la sidra, Osoro les rebate asegurando que por esa regla de tres el whisky escocés no se vendería fuera del país. Y tampoco hay que ponerse muy rígidos: «Para los escoceses, echarle cubitos de hielo de agua clorada al whisky es un sacrilegio, pero lo asumen para vender».

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