Los primeros de la sidra

La Universidad de Oviedo y el Serida se han unido en una iniciativa formativa que tiene por objeto cubrir el déficit de profesionales en las áreas de pomología y sidra. Advirtiendo que el mercado en torno a la bebida regional ocupa el tercer puesto de la actividad socioeconómica asturiana, ambas instituciones han reforzado su presencia en este campo, colaborando en la formación de los futuros enólogos. La primera edición del curso de experto universitario en pomología y sidra, que se desarrolló entre marzo y noviembre, se centró en dos grandes áreas temáticas: el cultivo y la producción de sidra. Durante las clases prácticas en el organismo regional, los 16 alumnos estuvieron apoyados por el responsable del programa de manzano, Enrique Dapena, quien explicó técnicas de fertilización, poda, identificación de variedades y tratamientos fitosanitarios. El trabajo de campo se desarrolló en las plantaciones de Villaviciosa. También analizaron la materia prima desde el punto de vista químico, incluyendo las herramientas de control analítico más relevantes. La experimentación se trasladó luego al laboratorio de sidras del Servicio Regional de Investigación. En la fase final, los alumnos se distribuyeron entre los ocho lagares participantes de Gijón, Oviedo, Villaviciosa y Carreño. Así, tuvieron oportunidad de participar directamente del proceso de elaboración de la sidra. En esta fase abordaron los procesos de fermentación y estabilización de la bebida para el embotellado posterior. Los promotores del curso justifican la aparición de este nuevo título en la necesidad de formar a profesionales sobre las nuevas técnicas de cultivo de manzano y de elaboración de sidra, para dar respuesta a los retos del sector. Su director, Domingo Blanco, y Paulino Tuñón, responsable del departamento de Química Física y Analítica de la Universidad, coincidieron en destacar la importancia de la iniciativa de la institución académica para formar a los profesionales de la sidra. Juan José Mangas, jefe del área de investigación del Serida, incidió en las buenas perspectivas que se abren con este tipo de propuestas y apoyó el desarrollo de nuevas ediciones del curso. No se descarta la colaboración del Consejo Regulador de la Sidra como entidad implicada también en la formación de expertos. Entre los alumnos había licenciados en Química y en Biología, también algunos técnicos de lagares asturianos y vendedores del Consejo Regulador, que participan en los análisis sensoriales de la bebida.

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