Los cinco años y medio que la sidra tardó en encontrar su origen

La consecución definitiva de la denominación de origen para la sidra de Asturias culminó el pasado mes de diciembre con la ratificación europea de la marca de calidad. El anhelado «sí» de Bruselas puso punto y final a más de cinco años y medio de largas negociaciones y gestiones plagadas de encuentros y desencuentros entre el sector sidrero asturiano y la Administración del Principado. l La historia de una marca de calidad para la bebida regional se remonta al verano de 1999, en los albores de la pasada legislatura. Aunque la idea de conseguir la denominación se encuentra presente en el sector desde el ingreso de España en la Unión Europea, hace veinte años. La marca se veía como una forma de preservar un producto netamente asturiano, frente a sidras de otras zonas como País Vasco, Galicia o Bretaña, en el norte de Francia. l Tras su nombramiento como consejero de Medio Rural, en julio de 1999, Santiago Menéndez de Luarca se afanó en lograr la denominación de origen para la sidra de calidad. El actual subsecretario del Ministerio de Agricultura se impuso el objetivo de poner de acuerdo a un sector que ni siquiera estaba convencido de la necesidad de etiquetar las botellas. l Las reuniones, a veces larguísimas, entre representantes del sector sidrero y de la Administración, se sucedieron hasta que tres años más tarde, en junio de 2002, se firmó en Asturias la petición oficial de solicitud de la marca. La documentación se envío a Madrid, para que a su vez se remitiese a Bruselas. El camino fue de ida y vuelta. l El gran obstáculo para el visto bueno de Madrid a la petición de la denominación de origen Sidra de Asturias fue la introducción de un producto inédito, la sidra gasificada, cuyo nombre en la DO es sidra a secas. La novedad de la bebida, que lleva gas y fermentación carbónica, pero que no debe confundirse con la sidra achampanada de toda la vida, provocó el recelo de las autoridades. También las críticas de parte del sector lagarero que se mostraba escéptico sobre la viabilidad de ese producto. Fue necesario rehacer el texto para que quedase más claro que esa nueva sidra cumplía todos los requisitos para lucir la etiqueta. l Se trataba de la sidra de mesa que hoy se conoce como de «nueva expresión». No necesita escanciado. A falta de datos definitivos, estas Navidades sus ventas han seguido muy de cerca a bebidas similares como los cavas. El momento de la consolidación del producto parece más cerca. l Tras la modificación en el texto, el 28 de enero de 2003 Madrid ratificó el reglamento, que posibilitó la protección nacional transitoria de la sidra de Asturias, bajo la figura de denominación de origen protegida. Una vez en Bruselas, la Comisión también solicitó información sobre varios puntos que no estaban claros. Antes del verano, Asturias envió las correcciones. l A falta de ratificación oficial, el proceso seguía su curso. Nadie había pronunciado un no. La marca se utilizaba. Eso sí, de forma provisional. De hecho, el quince de noviembre de 2002 el auditorio Príncipe Felipe ya había acogido, a bombo y platillo, la presentación oficial de la marca. Aquel día lagareros, cosecheros y políticos brindaron, por primera vez, por la sidra con denominación de origen. No se imaginaban que hasta tres años después la sidra no tendría el sello oficial comunitario, aunque presumían que el camino no sería fácil. l Otro de los motivos de polémica fueron las críticas al nombramiento de Ignacio Fuejo como presidente del Consejo Regulador. El organismo se constituyó de forma provisional para echar a andar la marca hasta la celebración de elecciones. Los comicios llegarían el 24 de junio de 2004. l Poco antes, en marzo de 2004 se presentó la primera sidra embotellada con la etiqueta del Consejo Regulador. Los lagares pusieron a la venta 400.000 litros de la sidra más aristocrática de la región. Fue un éxito discreto. Era necesario convencer al consumidor de que merecía la pena pagar más por esa sidra. l La otra sidra amparada por la denominación de origen es la denominada «sidra natural», la que siempre se ha tomado en los lagares asturianos, precedida del ritual del escanciado. Una de las peculiaridades de la denominación es que las sidras con marca de calidad se comercializan con nombres diferentes a los que se siguen utilizando para la bebida que se vende fuera de la marca. Algunos lagareros han aprovechado para desempolvar marcas que se remontan a otras generaciones o relacionar la bebida con el lugar de elaboración. l El año 2004 y casi la totalidad de 2005 transcurrieron sin una respuesta de las autoridades europeas. En la Comisión y en el Parlamento Europeo se presentaron respectivamente preguntas del Gobierno 1 y de varios eurodiputados, entre ellos los asturianos Antonio Masip y Salvador Garriga, para conocer los motivos de los retrasos. l La respuesta de la Comisión atribuyó la paralización del expediente a la saturación de trabajo burocrático que padecían los funcionarios, por la ampliación de la Unión Europea a los diez nuevos países. l Fue necesario esperar hasta el pasado mes de diciembre para ver publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea el reglamento con el que se dan por finalizados todos los trámites administrativos para la denominación de origen protegida «Sidra de Asturias». l La ratificación definitiva de la marca ha llenado de satisfacción a los lagareros y cosecheros que se sientan en el Consejo Regulador. También a los representantes políticos. La consejera de Medio Rural, Servanda García, recogió en 2003 el testigo de su predecesor, Menéndez de Luarca, y también colocó a la sidra entre las prioridades de su departamento.

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