El Principado y los cosecheros hablan de superpoblación, no de plaga

La Consejería de Medio Ambiente y Desarrollo Rural niega la existencia de una plaga de topillos o ratas toperas, como se las conoce vulgarmente. Indica que se trata de «situaciones cíclicas» que pueden dar lugar a la «superpoblación de ejemplares», como se ha detectado ahora en Villaviciosa. La Agrupación Asturiana de Cosecheros de Manzana de Sidra (Acomasi) confirma que «hay épocas» de explosión demográfica de este roedor; «suele haber un pico grave cada cuatro o cinco años». Manifiestan que «ahora no se está produciendo una situación preocupante, porque son casos aislados, con repuntes en zonas determinadas». Acomasi afirma que, «como todas las plagas, viene determinada por los depredadores, la comida y la situación favorable para reproducirse». Los cosecheros asturianos reivindican «una solución eficaz, que ahora no existe», para terminar con estos roedores campestres. Reconocen que actualmente «las medidas más eficaces son los venenos», si bien matizan que «los raticidas deben ser usados con cuidado y precaución». Acomasi advierte de que la existencia de topillos en las pomaradas asturianas se ha convertido para el sector en «una preocupación constante, aunque ahora vivamos casos concretos». Añaden que estos animales «afectan principalmente a árboles jóvenes porque son más débiles». Por lo que respecta a cómo podría influir la superpoblación de topillos en la producción de manzana y, por extensión, en la de sidra, creen que, de verse afectada, sería en un plazo entre siete y ocho años. «Los árboles que ahora producen son los adultos, por lo que afectaría a una producción futura». Los cosecheros asturianos consideran que ésta es una «época idónea para controlar» la población, ya que la rata topo se reproduce durante todo el año, excepto en invierno. Otras medidas de prevención que recomiendan son «mantener las pomaradas desbrozadas y limpias» y «respetar a la fauna depredadora». En Sariego conocen lo que suponen los ataques de estos topillos a los manzanos y a los pastos, ya que hace unos cinco años sufrieron «una importante plaga de estos roedores», según el alcalde, Javier Parajón. Parece que «ahora está controlado». Un vecino de Nava, Jorge Torga, confía en que también sea así en su finca. Hace un mes sufrió una invasión de estos animales. «Llegué a contar más de 30 madrigueras en menos de 300 metros cuadrados». Optó por el veneno y por cubrir el terreno con tierra.

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